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Verano 2006, |
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ESTRATEGIAS DE COLABORACIÓN EN EL
CLUSTER BIOTECNOLÓGICO DEL DISCOVERY DISTRICT DE TORONTO. EL CASO DEL PROYECTO MARS
Resumen |
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INTRODUCCIÓN A partir de los años noventas algunas provincias y ciudades canadienses han dominado el desarrollo de aplicaciones comerciales de alta tecnología y se perfilan como regiones de rápido aprendizaje y liderazgo tecnológico, como la provincia de Ontario y, en particular, el área metropolitana de Toronto, que junto con Ottawa, Kingston, Hamilton, Guelph / Waterloo y London forman parte del reducido número de corredores biotecnológicos de América del Norte. Este corredor ha colocado a Canadá como líder mundial en firmas biotecnológicas per cápita, y contribuido a que el área metropolitana de Toronto (GTA) albergue el cluster médico y biotecnológico más grande en Norteamérica, siendo uno de los centros de investigación y complejo médico de mayor prestigio a nivel mundial[1] (ver imagen 1). La reestructuración de la economía y la geografía mundial, de la cual emerge una variedad de distritos industriales, formas institucionales y cadenas de interacción, han propiciado un creciente protagonismo de los espacios regionales. Lo anterior constituye un reto para los investigadores que intentan explicar la formación y cambios en las regiones, toda vez que el poder estructurador de los sistemas productivos basados en el conocimiento y la movilización de los factores financieros, de seguridad, producción e investigación y desarrollo (I+D), son aspectos cuya peculiar interacción es clave para determinar si una zona se desarrolla y adquiere competitividad, y con ello crear conciencia entre sus diversos actores de un espíritu de colectividad e interconexión a niveles globales (Storper y Salais, 1997: 370). En este ensayo analizamos las políticas de los diferentes niveles de gobierno, instituciones y otros agentes dentro del cluster biotecnológico del área metropolitana de Toronto, Discovery District. Este complejo productivo de alta tecnología pretende ganar competitividad global, mediante el fomento de relaciones de colaboración y de investigación, conformando sistemas de innovación regional (RIS, por sus siglas en inglés). Para comprender cómo se puede ser competitivo en una economía global y basada en el conocimiento, como ocurre en el Discovery District de Toronto, se requiere determinar cómo el contexto social y cultural de los territorios influye en los procesos de innovación. El estudio de las relaciones entre firmas y otros actores dentro de un espacio económico, ofrece un panorama mucho más amplio acerca de los procesos de auto-organización, aprendizaje, cambios endógenos, dinámicas de interdependencia e histéresis, que se presentan en un marco de relaciones organizacionales, que engloban la competencia, cooperación y colaboración (Tappi, 2003:157), que se hacen viables en un Sistema de Innovación Regional. Este concepto explica cómo ocurre el desarrollo tecnológico dentro de un distrito de alta tecnología que experimenta una variedad de intervenciones estratégicas de actores a nivel nacional, provincial y local, que facilitan a los cluster operar como conductores de innovación, con la capacidad de capturar redes, complementariedades y manejar el patrón de subcontratación y desprendimientos empresariales, o spillovers, que regularmente ocurren dentro del proceso de formación y desarrollo de una industria. Cuando un territorio presenta una aglomeración de industrias y firmas, se forma una mezcla compleja de relaciones formales e informales que involucran a instituciones financieras, legales, científicas y tecnológicas y crea lazos entre el Estado y los demás actores, que se traducen en un ambiente de negocio global que obliga a maximizar la innovación. Lo anterior se ve ejemplificado con proyectos como el Medical and Related Sciences (MaRS), en el Discovery District, que promueve alianzas estratégicas transorganizacionales, para asegurar la creación de redes que le permitan la sofisticación tecnológica e incrementar su capacidad de innovación accediendo a desarrollos técnicos complementarios, así como a la explotación de sub-sistemas enlazados a otros sistemas globales, nacionales y regionales para la comercialización de nuevo conocimiento. CLUSTER Y SISTEMAS DE INNOVACIÓN INSTITUCIONAL El concepto de cluster se refiere a una aglomeración de firmas en un territorio mediante una división social del trabajo en permanente profundización y proviene de las nociones de distrito industrial de Alfred Marshall y polo de crecimiento de Francois Perroux. En la nueva teoría del desarrollo se pone énfasis en el carácter regional y la identidad sociocultural de estas aglomeraciones económicas, tratando de captar las dinámicas de crecimiento endógenos y generación de ventajas competitivas que experimentan como resultado de los mecanismos de acción colectiva formal e informal que activan sus integrantes. Los factores que determinan las trayectorias seguidas por un distrito industrial resultan innumerables (Llobrera, et al., 2000: 69), entre ellos el manejo adecuado de los flujos de información, materiales, fuerza laboral, infraestructura, tecnologías y conocimiento a niveles locales, marco normativo, conexiones interregionales e internacionales, pero el más activo es el proceso mediante el cual se determina la fuerza innovadora de la aglomeración (Scott, 1988: 132; Stoper y Walter, 1989: 279; Porter, 1998: 226). Los espacios económicos en que se conforman los cluster se articulan como una red compleja de firmas y actores integrados y desintegradas en un estado constante de ajuste; con cambios en las tecnologías, mercados de trabajo y ambiente competitivo; constituyen además aglomeraciones de externalidades que facilitan a los agentes económicos intercambiar, negociar y aprender unos de otros. Ciertas capacidades innovadoras de firmas individuales pueden lograrse así gracias a pequeñas piezas de información que circulan informal y continuamente a través de dicho “espacio económico” (Scott, 1998:177). Por ello Michael Porter define a los cluster, como “concentraciones geográficas de compañías interconectadas, proveedores especializados, agencias de servicios, firmas relacionadas con la industria e instituciones asociadas en campos particulares que compiten pero también cooperan” (Porter, 1990:190). En el tejido endógeno de las aglomeraciones de firmas se configuran lo que Storper y Salais llaman “convenciones”, constituidas por hábitos, rituales e ideologías que guían la acción humana y, por ende, la de las firmas, mediante las cuales adquieren percepciones sociales distintivas, formas de entendimiento, actitudes e incluso el vocabulario. Estas convenciones constituyen ambientes culturales distintivos (cultural millieux) (Storper y Salais, 1997: 370; Scott, 1998: 177), mundos de producción distinguibles en cada región. En la promoción del desarrollo local se considera cada vez más el papel de estas especificidades culturales, y se promueven reformas a las políticas de interconexión, para lograr éxito en los mercados locales y nacionales. De ahí que para desarrollar un cluster exitoso, sea necesaria la interacción de organismos o instituciones públicas y privadas, que puedan proveer incentivos para la integración empresarial y el desarrollo de nuevos productos atendiendo a la importancia de la adaptación al entorno, la cultura, así como los hábitos y creencias que imperan en la región.[2] Al ser la cooperación y el avance tecnológico, factores clave dentro de un espacio económico aglomerado, la transferencia de conocimiento se vuelve implícita dentro de la interacción en cada cluster. Brigitte Preissl y Laura Solimene, encontraron que los diferentes actores localizados dentro de un cluster, consideran como sus principales fuentes de conocimiento a las universidades, organizaciones de investigación y tecnología (RTOs), publicaciones, conferencias y asociaciones industriales. Además, que la transferencia de conocimiento y el flujo de información en el entorno, se facilita a través de la integración a proyectos de investigación e innovación, la movilidad de investigadores; trabajar con grupos y círculos de innovación; “aprendiendo” en seminarios y conferencias; al accesar a fuentes públicas; así como mediante la realización de diferentes procesos de intercambio informal (Preissl, 2003: 120-121). Maureen McKelvey, por su parte, afirma que junto a la formación de redes dentro de una aglomeración de firmas e instituciones interesadas por ser más competitivos, es necesario emprender una investigación innovadora, actuando más allá de su habilidad para generar ganancias económicas, desarrollarse dentro de un “ambiente” definido por actividades de renovación (McKelvey, 2004: 179). Para Elizabeth Garnsey (1998: 361- 377) las industrias de base tecnológica son marcadamente dependientes del conocimiento científico y técnico, y de la proximidad para el aprendizaje compartido. El énfasis sobre la geografía de redes de colaboración como el mayor vehículo de creación y difusión de conocimiento, obedece a que la colaboración influye en el aumento del número de organizaciones involucradas en investigación y procesos de innovación. En sectores industriales de alta tecnología se presenta más intensamente la colaboración en investigación científica con fines lucrativos entre empresas y sector académico. Por ello, el éxito de la colaboración recae sobre un complejo conjunto de lazos formales de tipo científico, legal y administrativo, que facilitan el intercambio de conocimiento y personal calificado, dentro de un mismo ambiente institucional, que se conceptualiza como “sistemas de innovación regional” (Frenken y Van, 2004: 41-42). El concepto de “sistema de innovación regional” (RIS), acuñado por John H. Britton (2002: 85-111), se enfoca en las condiciones bajo las cuales una tecnología es desarrollada y adoptada; explica la influencia ejercida por las políticas nacionales, el estudio de la estructura industrial, el comportamiento corporativo y el entorno institucional en que las firmas y demás actores toman decisiones acerca de inversiones y la manera en que se establecen conexiones de negocios. Philip Cooke distingue a los sistemas de innovación institucional regional (IRIS) por la generación de conocimiento dentro de estructuras gubernamentales e instituciones públicas –especialmente en los campos de investigación, transferencia tecnológica, educación, asesoría y mercadotecnia en mercados internacionales– las cuales están integradas a un sistema de innovación nacional. Igualmente se articulan por compañías multinacionales integradas a las redes de producción regional (Heidenreich, 2004: 363) En los sistemas de innovación institucional, los actores involucrados pueden ser clasificados por sus estrategias de innovación, como por ejemplo: los de atracción o facilitadores, que desarrollan ventajas competitivas originales, tales como bajas tarifas en electricidad, abundancia de fuerza de trabajo capacitada, incentivos para la I+D, mismas que atraen a las compañías a localizarse en la región, promueven la eficiencia por parte de las instituciones educativas y políticas de propiedad intelectual (derechos de autor y patentes); igualmente son facilitadores los que propician estabilidad política y leyes de apoyo económico para la I+D, como créditos fiscales y/o subsidios directos para la producción y desarrollo de nuevas tecnologías. Otro grupo de actores, son los “incubadores”; generalmente organizaciones de investigación, como universidades, institutos de gobierno y grandes laboratorios de I+D de firmas privadas. Los incubadores crean nuevas firmas de tipo spinoff, lo cual es muy frecuente en firmas biotecnológicas especializadas,[3] ya que gran parte de ellas han sido creadas o provienen de universidades y otros laboratorios públicos. Estas empresas van creando un tejido transaccional denso dentro de la industria, con la proliferación de nuevas compañías pioneras y proveedores especializados, que alientan mayor profundidad en la división vertical y horizontal de trabajo, y un crecimiento del complejo industrial local (Storper, 1997:134-163). Ejemplo de ello, han sido la industria de instrumentos médicos en Orange County y las de semiconductores y aeroespacial en Silicon Valley y Los Ángeles. Esta imagen de un sistema representado, creado y sostenido por actores locales comprometidos culturalmente en relaciones de poder, que comparten conocimientos, es útil para analizar el caso de Toronto. SISTEMAS DE INNOVACIÓN INSTITUCIONAL Industria biotecnológica en Canadá En las últimas décadas, la estructura económica canadiense se ha basado en el conocimiento, la innovación y la tecnología, dejando de lado la economía fincada en la explotación de materias primas y productos primarios. Ha logrado de igual forma, posicionarse como una industria de alta tecnología semejante a la de telecomunicaciones, biotecnología, aeroespacial, medioambiental y la microelectrónica, como fuentes propulsoras del desarrollo económico nacional. La industria biotecnológica ha crecido dramáticamente alrededor del mundo. En 1997 se estimó un total de 2 500 firmas y para el año 2002, ascendieron a cerca de 5 000, de las cuales 1 700 se localizaban en Estados Unidos, 400 en Canadá y el resto en Europa occidental.[4] La competencia por obtener el dominio tecnológico en esta industria es global y ocurre entre las llamadas hotbed communities, un reducido grupo de regiones localizadas en Estados Unidos, Canadá, Europa e Israel. Canadá, a pesar de su vecindad con Estados Unidos y la cercanía geográfica de algunas aglomeraciones de las dos industrias nacionales, se abre paso como uno de sus principales competidores (Mercado, 2004: 375). Jorge Niosi y Tomas Bas sostienen que un alto nivel de desarrollo científico no es garantía para el éxito de un sector comercial biotecnológico. Por ejemplo, entre los años 2000 y 2002, aún cuando Canadá contaba con una economía de menor tamaño que los países antes mencionados, tenía 15 productos nuevos en el mercado (IPOs), registraba alrededor de 400 firmas especializadas en biotecnología (SBFs) y había desarrollado cientos de productos de salud humana que se encontraban en periodo de prueba clínica, muy por encima de Gran Bretaña que, en el mismo periodo, contaba con apenas 270 compañías y Alemania tenía en etapa de prueba tan sólo cuatro productos.[5] La posibilidad de definirse como “los primeros en el mundo”, es algo que motiva a los gobiernos a promocionar estrategias, así como a demandar estructuras de transferencia de conocimiento e influencia de estructuras geopolíticas (Camille, 2004:225). Esto ocurrió en Canadá, porque la excelencia en investigación de la industria biotecnológica canadiense nunca antes había sido caracterizada por actividades de comercialización y proyección mundial, no fue sino hasta el lanzamiento de National Biotechnology Strategy en 1983, que comenzó a destacar. A partir de ese año, el gobierno canadiense ha venido creando un conjunto de incentivos para promover una industria líder de base biotecnológica en ingeniería genética. Los resultados son positivos y el país ha alcanzado liderazgo en diversas ramas biotecnológicas. La industria biotecnológica canadiense surgió apoyada en un conjunto de activos institucionales, como centros de investigación, asociaciones de productores, cámaras de comercio, agencias de transferencia tecnológica, universidades y otras instituciones de capacitación y entrenamiento. Estos elementos se conjugan en un sistema de innovación institucional, desde los niveles nacionales hasta los regionales, capaz de atraer compañías multinacionales a su territorio, donde se producen grandes concentraciones de capacidades distintivas, en su búsqueda por explotar la riqueza de innovación a partir de la dinámica social con que cuentan las regiones de aprendizaje (Gertler, 2004: 92). Douglas Cumming y Jeffrey Macintosh (2000: 360-362) señalan que dos de los aspectos determinantes del monto de inversión realizada en I+D, necesaria para generar los procesos de innovación, son el ámbito legal y los procesos estratégicos. De acuerdo con el Innovation Analysis Bulletin, un reporte cuatrimestral de Statistics Canada sobre ciencia y tecnología, las industrias farmacéutica y médica formaron parte del grupo de industrias que recibieron el más alto presupuesto en I+D en el periodo 2002-2003; de un total de 5,689 millones de gasto en I+D biotecnológica fue de 716, representando el 13% (ver tabla 1). Por su parte, las compañías biotecnológicas gastaron cerca de 1.5 billones de dólares en el 2003, destacando el sector de salud humana, al concentrar el 88% de dicho presupuesto (ver tabla 3).[6] Según el mismo boletín, las empresas biotecnológicas localizadas en Canadá reportaron un ascenso en los índices de innovación del 91%, reflejado en el número de patentes emitidas en relación con el año 1997.[7] Ya para el periodo 2003-2004, por concepto de I+D, la industria biotecnológica recibió alrededor de los 700 millones de dólares canadienses anuales[8] (ver tabla 1). Las aglomeraciones biotecnológicas de Canadá, se encuentran localizadas en las provincias de Alberta, Ontario, Saskatchewan, Québec y British Columbia, principalmente en las ciudades de Montreal, Québec, Toronto, Ottawa y Vancouver,[9] concentrando más del 70% de las compañías de innovación biomédica y son receptoras del 80% de las utilidades dentro de la industria, destacando entre ellas la provincia de Ontario.[10] Industria biotecnológica en la provincia de Ontario Un indicador del medio ambiente innovador de Ontario, es que alrededor del 48% de sus establecimientos industriales se basan en alta tecnología, además de poseer una fuerza económica muy diversificada, al contar con varios sectores dominantes, como tecnología de información, desarrollo de software, new media, microelectrónica y biotecnología.[11] La industria biotecnológica en esta zona comenzó hace cerca de un siglo con el desarrollo de la antitoxina de la difteria. También se descubrió la insulina, el receptor T-Cell, así como L-DOPA, tratamiento contra la enfermedad de Parkinson. Además se creó el sistema para la secuencia automática del ADN junto con el primer monitor de corazón implantable.[12] En el 2003 esta provincia fue la tercera concentración regional de compañías biotecnológicas (32%) y la sexta en generar utilidades dentro de la industria a nivel nacional; al contar con 130 firmas biotecnológicas y obtener ganancias alrededor de los 2.02 billones de dólares canadienses (ver tabla 3). Joseph Llobrera, David Meyer y Gregory Nammacher consideran que han sido estratégicas para su expansión las políticas del gobierno provincial en forma de subsidios directos e indirectos para las firmas, instituciones y organizaciones (Llobrera, 2000:68-99). También la oferta de una variedad de opciones dentro del sistema de crédito para el pago de impuestos sobre gastos por I+D. Algunos de los programas creados hasta ahora son: Ontario Business Research Institute Tax Credit, Ontario Innovation Tax Credit, Ontario New Technology Tax Incentive (ONTTI), Ontario Research Employee Stock Option, Ontario Cooperative Education Tax Credit, entre otros.[13] La noción de sistemas de innovación institucional adaptado a la biotecnología,[14] sustenta este tipo de estrategias que apoyan la innovación regional fomentando la participación de los miembros del distrito, junto con las políticas regionales implementadas por los diferentes niveles de gobierno. Para Linda Hall y Sharmistha Bagchi-Sen (2001: 231), existe además una nueva era de empresarialismo en la industria biotecnológica por el incremento de alianzas estratégicas, acuerdos de licencia y colaboraciones de investigación por parte de universidades y hospitales. Una pieza clave para el desarrollo de este distrito industrial, es el programa de innovación del cluster biotecnológico (BCIP), del Ministerio de Estrategia Biotecnológica, el cual pretende colocar a toda la provincia de Ontario entre los tres principales centros biotecnológicos de Norteamérica, con una inversión inicial de 30 millones de dólares, mediante el apoyo a la comercialización y proyectos de infraestructura, como la creación de parques industriales, así como una amplia variedad de programas e iniciativas gubernamentales tanto federales como provinciales que promueven el desarrollo e innovación, tales como: The Premier’s Research Excellence Awards, el cual ha proyectado invertir alrededor de 75 millones de dólares en un lapso de diez años, en la atracción de personal talentoso a sus grupos de investigación. Otro es The Ontario Research Performance Fund, que a partir del año 2001, financia gastos indirectos de investigación, como por ejemplo en conexiones computacionales, bibliotecas y en la administración de la investigación en universidades e institutos radicados en la provincia. The Premier’s Platinum Awards es un programa que otorga premios a los mejores investigadores y universidades canadienses. Y el Ontario Centres of Excellence, otro programa creado por el gobierno de Ontario para fortalecer los lazos entre la academia y la industria.[15] Como resultado de múltiples iniciativas, Ontario logró localizar a más de cien firmas biotecnológicas líderes, de las cuales sesenta se ubican en el área metropolitana de Toronto y veinte de ellas cotizan en el mercado de valores, entre ellas: Amgen Canada, Biogen Canada, Dusa Pharmaceuticals, Generex Biotechnologies, Visible Genetics. También, por medio de la protección de los procesos de I+D, se dio una multiplicación del número de patentes en diferentes concentraciones biotecnológicas, de las cuales, Toronto es claramente el área metropolitana líder en patentes registradas, 752 entre 1990 y 2003, seguida por Montreal, Vancouver, Ottawa-Hull, Edmonton, Calgary y Saskatoon (Archambault, 2003).[16] DISCOVERY DISTRICT DE TORONTO Según el reporte “Information and Communications Technologies/Life Sciences Converging Technologies Cluster Study”[17] (2004) de Industry Canada, el área metropolitana de Toronto localiza cluster de software, nuevos medios, microelectrónica, además del distrito de alta tecnología médica, donde concentra gran parte de la industria biotecnológica de la región; y para el cual se designaron dos kilómetros cuadrados en el centro de la ciudad para dar nombre y espacio al Discovery District (ver imagen 2). El Discovery District de Toronto es un proyecto que con una inversión inicial de medio billón de dólares fomenta una identidad conjunta de los institutos de investigación, hospitales y disponibilidades que conforman el cluster, integrado, entre otros por: MaRS Centre, Universidad Health Network (UHN), Universidad de To onto, Exceler@tor, Leslie L. Dan Pharmacy Building, Centre for Cellular and Biomolecular Research (CCBR), Toronto General Hospital Research Institute (TGRI), Photonics Research Ontario (PRO), el Hospital for Sick Children Research Institute, Centre for Addiction and Mental Health (CAMH), Sunnybrook and Women’s College Health Science Centre, St. Michel’s Hospital, Toronto Rehabilitation Institute, el ayuntamiento de la ciudad y el gobierno de Ontario.[18] Alrededor de 80% de los negocios de alta tecnología en Canadá tienen presencia dentro del Discovery District de Toronto, lo que ha permitido aglomerar una gran actividad empresarial y de investigación con empresas líderes como: Amgen, Astra Zeneca, Aventis Pasteur, Bayer, Biogen, Boehringer Ingelheim, GE Medical Systems, Genpharm, Hoffmann-La Roche, Johnson & Johnson Medical Products, Pfizer, SynX Pharma Inc. Visible Genetics, entre otras (Niosi y Bas, 2003: 795).[19] Estas firmas han invertido en I+D local más de 1.1 billones de dólares en la década pasada y han conseguido dar empleo a 33 mil residentes en la provincia de Ontario, proyectando un crecimiento anual del 30%.[20] Aparte de concentrar 40% del total de la industria biotecnológica, el área metropolitana de Toronto ocupa la cuarta posición en Norteamérica por el tamaño de su industria biotecnológica, comparada con las de Boston, Filadelfia, Chicago y Los Ángeles (ver imagen 3), siendo sede de cien hospitales e institutos de investigación, además de contar con 140 compañías biotecnológicas, por encima de la mitad de la industria farmacéutica de todo Canadá.[21] Algunos de los casos representativos de spillover de la Universidad de Toronto son las firmas biomédicas: Helix BioPharma, Spectral Diagnostics, Visible Genetics, Biox, Interface Biologics, Urex y Select Therapeutics, así como la creación de los laboratorios Connaught en 1914, por parte de los doctores Frederick Banting y Charles Best (ganadores del premio Nobel en 1922), quienes desarrollaron el primer método industrial para purificar la insulina. Posteriormente, con la compra de los laboratorios Connaught por parte del Instituto Mérieux del gobierno francés y la fusión con la corporación franco-alemana Aventis, se convirtió en lo que hoy es Aventis Pasteur, la compañía multinacional con la mayor producción de vacunas en el mundo y una de las más importantes firmas del cluster biotecnológico de Toronto, por su gasto en I+D y su margen de ganancias (ver tabla 4). En 2001 fue la segunda firma con mayor gasto en I+D con 83 millones de dólares, sólo superado por Apotex con 115; igualmente fue segundo lugar en tasa de inversión en I+D con ganancias del 39.3 por ciento, sólo superado por Genetics con 70 por ciento. Canadá aporta cerca de 4.5% del total de publicaciones realizadas por instituciones de investigación a nivel mundial, de las cuales el 41% son realizadas por universidades e instituciones científicas de la provincia de Ontario.[22] Es notable un compromiso de las universidades con la investigación, ya que mantienen un esfuerzo constante por alcanzar y mantener una competitividad profesional y generar conocimiento para propósitos estratégicos, fomentando la I+D para mantener canales abiertos al sistema de conocimiento mundial, así como para informar y realzar la calidad de su educación universitaria. Toronto cuenta también con instituciones educativas de renombre como la Universidad de Toronto, la cual tiene una de las más grandes facultades de medicina en Norteamérica y reconocida como la cuarta posición a nivel continental, por su gasto en investigación médica. Está afiliada a nueve hospitales y su biblioteca con sus 12.8 millones de volúmenes, es considerada como una de las principales bibliotecas de investigación en Norteamérica. Entre las innovaciones realizadas dentro de la U of T, están el descubrimiento de la insulina, el primer marcapasos electrónico, la laringe artificial, el proceso de transplante de pulmón simple, el transplante de nervio y la creación del páncreas artificial. La investigación también generó el descubrimiento de los genes responsables de la fibrosis Cystic y de la forma más severa de la enfermedad de Alzheimer.[23] La Universidad de York, también ubicada en Toronto, es uno de los centros de investigación y enseñanza más importantes de todo el país, con diez facultades, es líder científico, al proveer servicios e investigación de punta en las áreas biomédica, biotecnológica y aparatos médicos. Por su parte, la Universidad Ryerson ofrece una variedad de disciplinas en ingeniería y ciencias aplicadas en el medio ambiente, además cuenta con un programa de investigación sobre terapia para el cáncer a través de tecnología láser. En Canadá, la creación de diferentes incentivos e instituciones, que van desde un fondo para la investigación académica hasta fuertes inversiones para la I+D en el sector privado, se ve representado con la disposición de un presupuesto anual para I+D dentro del Discovery District de Toronto por parte del Biotechnology Commercialization Centre (TBCC), de alrededor de 500 millones de dólares, los cuales son canalizados en tres grandes proyectos que son parte de una serie de cuantiosas inversiones de capital que buscan mantener a la ciudad a la vanguardia de la investigación biomédica. Tales proyectos son: el Medical and Related Sciences, Centre for Cellular and Biomolecular Research (CCBR) y Faculty of Pharmacy.[24]
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| Fecha de publicación en red: 22/Julio/2006 | |||||
| Revista Mexicana de Estudios
Canadienses. Verano de 2006. Vol.1, nueva época, número 11. © Copyright 2003 - 2006. Asociación Mexicana de Estudios sobre Canadá, A.C. |
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