Junio 2005,
número 9.

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REVISTA MEXICANA DE ESTUDIOS CANADIENSES
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TRABAJADORES AGRÍCOLAS MEXICANOS EN ONTARIO Y CALIFORNIA. EL CASO DE LOS JORNALEROS EN SALINAS, GREENFIELD Y WATSONVILLE, CALIFORNIA, USA Y SIMCOE, ONTARIO, CANADÁ.

María Antonieta Barrón Pérez

Resumen
La agricultura intensiva en mano de obra permite la conformación de mercados de trabajo cuya característica en términos del perfil de la mano de obra parece definirse universalmente. Su constante es que cualquiera que sea el país o el productor, los salarios, respecto al promedio salarial en el país correspondiente son siempre más precarios. Aquí se trata de analizar las constantes y diferencias en tres mercados de trabajo agrícolas, ellos son: agricultura de exportación en San Quintín, Estado de Baja California, en México; Watsonville, Greendfield y Salinas, en California, Estados Unidos, y Simcoe, Ontario, Canadá. Estas tres regiones tienen una característica en común: en ellas se exportan hortalizas. Analizando las condiciones de trabajo de los mercados de trabajo estudiados, muestran diferencias importantes en la composición por edad, intensidad de la jornada y salarios, pero lo que es una constante en estos mercados de trabajo es la condición de pobreza de la población que accede.
   

LA AGRICULTURA EN ESTADOS UNIDOS

La migración de mexicanos a Estados Unidos está ligada no sólo a la precarización de las condiciones de vida de los mexicanos, al abandono del Estado benefactor que obliga a la población de áreas rurales a migrar, sino también a la existencia de mercados de trabajo que los absorban, y esta condición es la que explica no sólo el incremento de migrantes mexicanos a la agricultura en Estados Unidos, sino a que se hayan modificado las corrientes migratorias internas. Desafortunadamente, encuestas y censos no registran adecuadamente este fenómeno.

La Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF) señala que entre 1993 y 2001 la proporción de los migrantes que fueron a trabajar en la agricultura pasó de 50.7 a 34.9 por ciento. Sin embargo, aun cuando estos registros marquen tendencias a la baja, la expansión de la superficie cosechada de frutas y hortalizas y su concentración en unos cuantos estados lleva a suponer el fenómeno contrario, un aumento de la población migrante mexicana en la agricultura en Estados Unidos, donde existe[1] casi un millón de mexicanos trabajando en la agricultura en ese país (ver cuadro 1).

JORNALEROS POR ESTADO EN ESTADOS UNIDOS

Muchos mexicanos llegan a California para trabajar en la cosecha de productos agrícolas. Según una investigación de la Universidad de California en Berkeley, en cinco años (de 1990/1991 a 1995/1997) la proporción de los trabajadores agrícolas en California que no están autorizados a trabajar legalmente en Estados Unidos se incrementó de 9 por ciento a 43 por ciento[2], es decir, existe un mercado de trabajo que los absorbe.

Entre 1990 y 2000, según el censo, la población mexicana aumentó su participación en casi todo el territorio estadounidense; aunque se concentra en unos cuantos: California (41 por ciento), Texas (25 por ciento), Illinois (6 por ciento), Arizona (5 por ciento), Colorado (2 por ciento), Florida (2 por ciento), Nuevo México (2 por ciento), Washington (2 por ciento), Nevada (1 por ciento), Georgia (1 por ciento), Nueva York (1 por ciento) y Carolina del Norte (1 por ciento).[3]

El dato censal tiene limitaciones de subregistro de migrantes indocumentados, como es el caso del aumento de la migración de indígenas. Según la EMIF[4] la proporción de hablantes de lengua indígena en Estados Unidos pasó de 2.7 por ciento entre 1998-2001, a 4.9 por ciento entre 2001-2002, y si tuviéramos información del destino por estado en la Unión Américana, seguro podríamos probar que la mayoría se concentra en los de agricultura intensiva.

La concentración de migrantes en California, Texas, Arizona y Florida[5] se explica no sólo por la tradición migratoria que lleva a parientes y amigos a migrar a los lugares conocidos, sino además por la expansión y concentración de hortalizas en unos cuantos estados (ver cuadro 2). Esta concentración de hortalizas ha conformado una demanda de mano de obra que explica el aumento de la migración de mexicanos, incluyendo indígenas, a los mercados de trabajo agrícolas. Algunos migran de sus comunidades en Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, hacia la frontera norte, en Ensenada o San Quintín, Baja California, y de allí se pasan como indocumentados a los campos de Watsonville, Salinas y Greenfield; otros se van directamente de mojados desde su pueblo, enrolándose a la corrida, California, Texas y Florida[6], otros de California se regresan a Baja California porque allí dejaron a la familia, sobre todo en el caso de los migrantes indígenas.

Los trabajadores agrícolas registrados en el censo de Estados Unidos en 2003 ascienden a 222,610 personas, de los cuales, California, Florida, Arizona y Texas absorben el 81.8 por ciento, sólo California absorbe el 59.7 por ciento y 14.1 por ciento Florida; es decir, en dos estados se concentra casi el 74 por ciento de los trabajadores agrícolas del país; sin embargo, este registro no considera a todos los trabajadores agrícolas que intervienen en la producción. Si comparamos los registros del censo de población de Estados Unidos con las estimaciones de requerimientos de trabajadores agrícolas por estado, la conclusión es que los jornaleros migrantes que trabajan en ese país no existen oficialmente. 

Por ejemplo, en 2000 se estimaba que en California se empleaban al menos 700,000 trabajadores agrícolas en los campos y ranchos ganaderos[7]. Si el censo de población en USA registra 22,610 personas, entonces se hicieron humo casi medio millón de jornaleros sólo en ese estado. Si bien no se cuenta con cifras exactas que den cuenta de la cantidad de migrantes mexicanos que llegan a California para trabajar en la agricultura, de acuerdo a los investigadores de la Universidad de California en Berkeley, en cinco años que comprenden los periodos de 1990-1991 y de 1995-1997, la porción de los jornaleros agrícolas de California que no están autorizados a trabajar legalmente en los Estados unidos se incrementó del 9 por ciento al 43 por ciento.[8]

En otra parte, el estudio señala que de un total de 400 mil personas que habitan en el condado de Monterey, 154 mil, que representan el 39 por ciento, se emplean en la agricultura en el Valle de Salinas. El censo de población registra en este valle veinte mil trabajadores agrícolas, es decir, a 134 mil jornaleros no los registra el censo de población, o sea el 87 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada.

La característica de estos trabajadores, es que les pagan menos la hora respecto al salario promedio de los trabajadores en Estados Unidos, que es de 8.01 dólares; sin embargo, en los estados cercanos a la frontera sur, como Texas y Arizona, el salario medio para los trabajadores agrícolas es menor, lo que indica la presión de la oferta sobre la demanda de mano de obra en esas regiones (ver cuadro 3). En estados como Minnesota y Dakota del Norte, donde la demanda de mano de obra para la agricultura es escasa, el salario medio y la moda están muy por arriba del salario medio de donde la población contratada en el sector es muy alta.

LA AGRICULTURA INTENSIVA EN CANADÁ

A Canadá migran alrededor de diez mil trabajadores, que van a los campos agrícolas a través de un programa de cooperación con México, migración que resulta insignificante frente a la indocumentada que va a Estados Unidos; pero, de alguna forma es importante. Esta migración ha ido creciendo debido a un aumento de la demanda de mano de obra agrícola en ese país, pese a las quejas de los patrones, quienes quisieran disponer de una mano de obra que sólo sepa trabajar.

La agricultura en Canadá no es homogénea, coexiste el pequeño productor con el gran productor, pero sus características no están necesariamente asociadas al tamaño del predio, sino al cultivo que explotan. Por nivel de ingresos, podemos identificar tres estratos de productores: los que se encuentran en el nivel de subsistencia, que representan el 21.9 por ciento de los productores con un ingreso bruto anual de menos de 10 mil dólares canadienses anuales; otro grupo de pequeños productores que representan 30.9 por ciento y reciben entre 10 mil y 49.9 mil dólares anuales; los medianos productores que reciben entre 50 mil y menos de 250 mil dólares canadienses anuales; y el resto, el 13.8 por ciento que tiene un ingreso bruto arriba de los 250 mil dólares anuales, el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales Mexicanos a Canadá (PTATM) beneficia sobre todo a los pequeños y medianos productores, sin excluir a los grandes productores, pero en menor proporción.

Trigo y cebada son los principales cultivos de explotación, donde frutas y hortalizas cubren una superficie muy pequeña, pero ello es una constante en todos los países; la superficie cosechada de hortalizas siempre es relativamente pequeña, sólo que el rendimiento medio por hectárea es muy alto. En veinte años los cultivos básicos han sufrido una caída importante, en tanto que frutas y hortalizas han mantenido constante su tasa de crecimiento, no obstante lo reducido de su superficie (ver cuadro 4). Desglosando la superficie cosechada de hortalizas y frutas, encontramos que excepto los árboles frutales el resto de frutas y hortalizas mantuvieron tasas positivas de crecimiento, lo que refleja la dinámica del mercado que ha permitido aumentar la demanda, básicamente interna (ver cuadro 5).

El tamaño medio del predio es mayor entre los cultivos tradicionales que entre los no tradicionales, sobre todo las hortalizas, donde los costos de producción por hectárea son mucho más altos que el de los granos alimentarios como trigo y avena, pero en general frutas y hortalizas muestran un tamaño medio más pequeño (ver cuadro 6).

A diferencia de los productores en México, el tamaño medio de los predios de frutas y hortalizas en Canadá es relativamente pequeño; productores[9] cuyos mecanismos para mantenerse competitivos en el mercado son seguramente los bajos salarios pagados a los jornaleros. Llama la atención que la tendencia en todos los cultivos es a incrementar el tamaño del predio, por un proceso de concentración de la tierra, que en los cultivos tradicionales ha sido severo.

En 1986 había 4,874 granjas con invernaderos, para 2001 había ya 6,071. El aumento en el número de granjas de hortalizas de invernadero es un fenómeno natural, en Canadá como en México, por los altísimos rendimientos por hectárea que elimina la estacionalidad de la cosecha que se da en la explotación de hortalizas a cielo abierto, y que está provocando reducir la estacionalidad en la contratación de mano de obra.

La importancia que adquiere la presencia de jornaleros mexicanos migrantes en Canadá, obedece a la concentración de los cultivos intensivos en unas cuantas provincias (ver cuadro 7). Ontario, en 1999, cosechó 53,635 acres de frutas (Venegas, 2003)[10], de las cuales casi el 50 por ciento fueron manzanas, 25.3 por ciento uvas de diferente calidad y 10.3 por ciento de durazno. El tabaco sólo se produce en Ontario y Québec, y representa el 18 por ciento de la superficie cosechada donde intervienen los jornaleros migrantes mexicanos, una hectárea de tabaco requiere por lo menos 167 jornadas por hectárea, más que el tomate rojo, 122 jornadas por hectárea, lo que las hace fuertes demandantes de mano de obra.

Ontario no sólo ocupa el primer lugar en la producción de frutas y hortalizas sino que además se concentra en unas cuantas localidades; Leamington, y Niagara on the Lake son las más importantes, Simcoe tiene importancia porque se produce casi la totalidad del tabaco de Ontario, lo que explica la conformación de mercados de trabajo, actualmente casi totalmente regulados[11]. Pero no sólo por el crecimiento y la concentración de hortalizas y frutas se demanda, jornaleros, sino que los pequeños productores agrícolas ven en la contratación de estos trabajadores la posibilidad de competir en el mercado pagando bajos salarios, que si contratara trabajadores de la localidad. En Niagara on the Lake, por ejemplo, el 61.5 por ciento de los granjeros contrata entre uno y cuatro trabajadores agrícolas, es una mayoría los pequeños productores que por las características del cultivo se ven obligados a contratar mano de obra asalariada (ver cuadro 8).

Sumados los que contratan entre uno y cuatro y cinco a diecinueve, encontramos que el 90 por ciento de los granjeros son pequeños y medianos productores que tendrían pocas posibilidades de cosechar en condiciones competitivas a los precios del mercado si tuvieran que pagar salarios más altos; esta es, posiblemente, una de las causas de que haya aumentado la demanda de jornaleros agrícolas mexicanos a Canadá. Contrario a la característica que marcan todos los países desarrollados, en Canadá la población ocupada en la agricultura apenas representa el 8.5 por ciento del total de población ocupada en el sector productor de bienes[12], 339.5 mil de 3,986.1 miles. Esta cifra no es significativa, y además decreció en trece años a una tasa de -2.1 por ciento anual.

Aun cuando la población ocupada en el sector agrícola está a la baja, los trabajadores agrícolas migrantes mexicanos que llegan a Canadá aumentaron en el mismo periodo en 5,530 jornaleros más, claro que éstos no representan nada, apenas el 3 por ciento de la población ocupada en el sector, sólo que concentrada en unas cuantas provincias y trabajando por periodos específicos con una intensidad que rebasa el promedio de horas trabajadas de la población canadiense; entonces, su presencia es significativa.

El censo agrícola y de población reconoce que en 2001 había veinticinco mil mexicanos trabajando en la agricultura, de los cuales trece mil estaban trabajando en Ontario. Sin embargo, se encuentran registrados, en ese mismo año, 10,529 jornaleros mexicanos a través del PTATM y 7,980 en Ontario, por lo tanto hay quince mil trabajadores mexicanos en Canadá, que trabajan en el sector, que no controla el gobierno mexicano, migrantes temporales y migrantes definitivos. A groso modo, a los ochenta mil trabajadores ocupados en la agricultura en Ontario, agregamos los 7.9 mil jornaleros mexicanos que en 2001 trabajaron en la agricultura en esta provincia, entonces hay 10 por ciento más de ocupados en esta provincia no registrados en el dato censal; sin embargo, descontextualizados no parecen ser importantes.

Simcoe, según el censo de 2001, cuenta escasamente con un poco más de quince mil habitantes, había 425 personas registradas trabajando en la agricultura, de las cuales, 225 eran hombres y docientas mujeres. En el momento en que se levantó el dato censal, sólo se reportaron treinta residentes no permanentes, veinte hombres y diez mujeres registrados como latinos y que suponemos mexicanos. En ese momento y en esa localidad estaban aproximadamente docientos jornaleros mexicanos migrantes del PTMT, o sea que 170 de ellos fueron invisibles, pero además representaban casi el 50 por ciento del total de trabajadores agrícolas en la localidad; esta proporción incluye jornaleros y otros trabajadores, que seguro si sólo tuviéramos el registro de jornaleros la proporción sería mayor.

Lo anterior es explicable porque el censo se levanta en hogares, tanto en Estados Unidos, Canadá y México, y cuando los jornaleros no viven en hogares éstos no son registrados en los censos.

ESTUDIOS DE CASO

En los estudios de caso se hará referencia a tres aspectos: salario, jornada y remesas, a fin de presentar constantes y diferencias en dos mercados de trabajo, uno regulado y otro desregulado.

WATSONVILLE, GREENFIELD Y SALINAS, CALIFORNIA, ESTADOS UNIDOS

En julio del 2004 se levantó una encuesta a 164 jornaleros, 66 hombres y 98 mujeres, que trabajan en los campos de fresas en el valle de Salinas en las localidades de Salinas, Greenfield y un poco más alejado Watsonville que aunque se explotan otras hortalizas, en ese momento se estaba recogiendo; sólo fresa. Es un mercado de trabajo casi de mexicanos, los pueblos cercanos donde se asientan muestran el perfil de la cultura mexicana, las tiendas que abastecen a los vecinos venden productos que consumen mexicanos y las calles del centro de Watsonville con establecimientos, comercios, tiendas, restaurantes y centros de reunión para jóvenes como los billares con estilos marcadamente mexicanos. Los fines de semana, o por las tardes, parecería un pueblo de Michoacán.

La jornada de trabajo aparentemente no es tan diferente a la que se observa en San Quintín, Baja California, en promedio los jornaleros trabajan 7.5 horas diarias; sin embargo, desglosando la jornada por horas y sexo, lo que se observa es una prolongación de la jornada de trabajo de las que regula la ley en todas las actividades, ocho horas (ver cuadro 9). La mayoría de los hombres trabaja de siete a más horas, en tanto que entre las mujeres la jornada es menor, aun cuando es significativa la proporción de las que trabajan más de ocho horas, casi el 30 por ciento, en tanto que 54.7 por ciento de los hombres prolongaron a más de ocho horas la jornada regular de trabajo.

Los salarios no son muy altos, pero más bajos que el promedio estatal y nacional. Las mujeres recibieron menores salarios en promedio que los hombres, pues recibieron por hora entre 5.70, 6.50 y 6.80 dólares estadounidenses, ningún hombre recibió ese nivel salarial, ellos en promedio recibieron entre 7.00 y 7.30 dólares estadounidenses por hora, aunque las actividades no fueron diferentes, pero sí los patrones. No obstante los promedios no existen, son un referente. Si bien el salario medio es de 590 dólares estadounidenses semanales, la moda está en 300 dólares estadounidenses para ambos sexos (ver cuadro 10). Aunque el salario está asociado a la duración de la jornada, y son mayores a los pagados en San Quintín, Baja California, el salario promedio está por debajo de los salarios medios de los trabajadores de los otros sectores de actividad.

El índice salarial, indica que por cada hombre que ganó cien dólares 1.8 mujeres recibió ese nivel de ingreso, y así sucesivamente. Las mayores diferencias salariales están en los niveles de ingreso más bajos, explicable porque son las mujeres que trabajan menos horas y menos días, y la proporción de mujeres respecto a hombres que ganan salarios mayores se reduce significativamente, y si lo comparamos con la prolongación de la jornada hay una relación favorable hacia las mujeres. Según horas trabajadas, el 26.4 por ciento de los hombres trabajó de diez a doce horas diarias, frente al 10.3 por ciento de las mujeres, es decir, por cada mujer que trabajó diez horas y más hubo 2.9 hombres, en tanto que por cada mujer que ganó más de 400 dólares hubo 2.5 hombres, es decir hay un indicador a favor de las mujeres de 0.4.

En cuanto a las remesas, el tiempo de permanencia y la composición de la migración determinan su monto y la frecuencia del envío (ver cuadro 11). Según las respuestas, envían más hombres que mujeres remesas a su familia, casi 50 por ciento de las mujeres no envían dinero, la razón es que vienen acompañadas por su esposo o compañero en tanto que los hombres que mandan remesas dejaron en México a la familia. Algunas mujeres reconocen que la familia que tienen en México necesita de su ayuda pero no mandan, pues no les alcanza, es decir, trabajan mucho pero los pagos y los gastos también son muchos, lo que les impide ahorrar y enviar dinero a su familia. De los que envían algo a su familia, los montos no son significativos, particularmente entre las mujeres; entre los hombres la dispersión es mayor, hasta cien dólares, y de vez en cuando, no es una alternativa de reproducción de la familia que vive en México; se van para sobrevivir en Estados Unidos, al final regresan, no siempre con grandes ahorros. Sin embargo, cuando tienen compromiso con la virgen en su pueblo, logran ahorrar lo necesario y más (ver cuadro 12).

El problema de los jornaleros de California no es que los regresen, por lo menos en las regiones estudiadas, sino que les escamotean sus derechos fiscales; pagar impuestos les da derechos que escasamente reclaman los migrantes asentados, no los indocumentados temporales.

     

Fecha de publicación en red: 24/Octubre/2005
Revista Mexicana de Estudios Canadienses.
Junio 2005, Vol.1 número 9.


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