Junio 2005,
número 9.

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REVISTA MEXICANA DE ESTUDIOS CANADIENSES
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SIMCOE, ONTARIO, CANADÁ

En Simcoe se aplicaron encuestas a 64 migrantes (45 hombres y 19 mujeres) en septiembre de 2004, todos los entrevistados estaban cortando fresa en ese momento, era principios de septiembre y las actividades fuertes de la agricultura habían pasado, pues Simcoe es fuerte productor de tabaco, donde, señalan los jornaleros, allí sí se gana. Muchos de los jornaleros venían de otras regiones porque las cosechas se habían terminado, así que se fueron a cortar fresa; unas mujeres llegaron por tres meses contratadas ex profeso para el corte de fresa. Van de Irapuato, Michoacán, donde se cultiva la fresa y se las llevaron a cortar esta fruta a Simcoe porque son muy veloces.

El control de los migrantes, hace que sólo se contraten jóvenes; sin embargo, la moda para los hombres está en el grupo de 45 a 49 años, en tanto que entre las mujeres está entre los 30 y 34 años, explicable porque las mujeres recientemente se incorporan a este mercado de trabajo y los requisitos de trabajo, en cuanto a la edad en el caso de ellas, sí se cumple en la mayoría. Los requisitos en México para los hombres son que el solicitante provenga de actividades agrícolas, es decir, que sea campesino o jornalero, estar casado o unido, tener hijos y una edad no mayor a 45 años, pero en la práctica no es así para ambos sexos.

Si el patrón ya se acomodó con un trabajador lo solicita cada año, por ello muchos rebasan los 45 años, sólo un entrevistado declaró 51 años, el resto de los hombres tienen edades que oscilan entre los 25 y 48 años, en el caso de las mujeres la más vieja tiene 51 años y la más joven 25. Este comportamiento de jóvenes en un mercado de no muy jóvenes, se explica porque se trata de un mercado de trabajo donde la demanda se resuelve con una oferta seleccionada.

FORMAS DE CONTRATACIÓN

Las formas de contratación son en su mayoría las que establece el Contrato del ‘‘Acuerdo para el Empleo Temporal de Trabajadores Agrícolas Mexicanos en Canadá’’, pero hay una minoría que llega por su cuenta, son mexicanos indocumentados que alguna vez llegaron con el programa, que por alguna razón no volvieron y ahora llegan por su cuenta. En la muestra, 13.6 por ciento llegó por su cuenta, lo que lleva a suponer que en el futuro surjan ajustes entre oferta y demanda de mano de obra que lleven los salarios a la baja, más de lo que ahora están, pues todos ganan el salario mínimo. Ya contratados por el patrón, la forma específica de contratación es por hora, en la época pico se combina la jornada con el destajo y cuando baja la producción se les contrata por hora.

JORNADA DE TRABAJO

La jornada de trabajo se establece de común acuerdo, aunque el contrato señala que por lo menos se deben cubrir cuarenta horas semanales, y el día de descanso es negociable, la jornada depende de la producción, cuando es abundante trabajan más de cuarenta horas a la semana, cuando escasea la producción trabajan treinta horas y menos, a veces descansan de forma obligatoria sin que medie un pago del patrón. 

En los estudios de caso, la jornada que se encontró es en la mayoría de los casos de más de cuarenta horas. Los hombres, 84.6 por ciento, trabajó entre cincuenta y 59 horas semanales y 15.4 por ciento trabajó sesenta horas semanales, es decir 8 horas y media si trabajó siete días, diez horas diarias si trabajó sólo seis. Las mujeres tuvieron comportamientos más erráticos, 30.8 por ciento trabajaron entre treinta y 37 horas semanales, 23.1 por ciento entre cuarenta y 49 horas, casi el 40 por ciento trabajó entre cincuenta y 59 horas y 8 por ciento sesenta horas, es decir, sólo 23.1 por ciento de las mujeres cubrió una jornada normal, en tanto que el 100 por ciento de los hombres y 46 por ciento de las mujeres trabajaron jornada extraordinaria. 

En general, hombres y mujeres prolongan voluntariamente su jornada de trabajo porque asumen que los tiempos son específicos, temporales, y que cuando acaba regresan a su país sin opción de conseguir trabajo en ese país, que van a regresar con lo que pudieron juntar, por ello prolongan su jornada tanto como lo requiere el patrón.

SALARIO

El salario no corresponde a la intensidad de la carga de trabajo. La característica es que siempre le pagan el salario mínimo, y no tiene posibilidades de negociarlo al alza. Actualmente el salario por hora es de 7.50 dólares canadienses, pero desde 1990 a la fecha su crecimiento ha sido muy lento. En 1997 el salario medio en la agricultura, en Ontario, fue de 9.28 dólares canadienses, y el de los jornaleros de 6.00 dólares canadienses, la diferencia a la baja era de tres dólares; la tasa de crecimiento del salario entre 1997 y 2004 apenas fue del 3.2 por ciento media anual, sin embargo, las diferencias salariales se han mantenido. En el 2000 el salario medio industria por hora, incluyendo la agricultura era de 13.05 dólares canadienses, y el de los jornaleros de 7.00 dólares canadienses; es decir, la brecha salarial se incrementó (ver cuadro 13).

Si relacionamos las horas trabajadas con el salario, la proporción de los que ganaron entre 400 y 450 dólares canadienses debería ser igual que la proporción de hombres y mujeres que trabajaron entre 54 y sesenta horas, y no es así. Esto se debe, en primer lugar, a la diferencia salarial por tipo de actividad; en segundo lugar a los descuentos a los que son sujetos los jornaleros; les descuentan seguro de desempleo, impuestos, pago del welfare o de bienestar y el boleto de avión, que los trabajadores migrantes no aprovechan, porque se van. 

REMESAS

El comportamiento de las remesas, en cuanto al monto, no es diferente al observado entre los migrantes de Watsonville, Salinas y Greenfield, pero sí en el compromiso de los migrantes, la proporción y la frecuencia. El hecho de que la mayoría de los migrantes va por un tiempo perentorio, y regresa a su hogar, seguramente explica que el 100 por ciento de hombres y mujeres envíe dinero a su casa. En las mujeres es explicable pues la mayoría son madres solteras, y no olvidan su obligación (ver cuadro 14).

Las mujeres mandan menos que los hombres, pero su regularidad es mayor que la de los hombres en términos relativos. De los hombres, sólo el 30.8 por ciento manda dinero cada quince o veinte días, 46.3 por ciento cada mes y el resto, 23.1 por ciento, cada mes y medio, en tanto que de las mujeres, el 33 por ciento manda dinero cada quince días, y el 67 por ciento restante manda cada mes, ninguna manda cada mes y medio: una característica de género.

CONSTANTES Y DIFERENCIAS ENTRE LOS MERCADOS DE TRABAJO ESTUDIADOS

Las conclusiones, al igual que los problemas, son diferenciados por país, por las variantes en la duración de la migración. En el caso de Estados Unidos el regreso a México está determinado por factores como la incertidumbre de conseguir trabajo, o el cansancio de permanecer en esa región; en tanto que en los migrantes a Canadá la certidumbre en el regreso da una perspectiva diferente para trabajar y enviar remesas; de ello se percibieron algunas constantes en los mercados de trabajo estudiados.

En las migraciones internacionales, se produce una corriente migratoria de una zona rural a una urbana en un marco de lo que podría considerarse nueva ruralidad, en el sentido de que migran a regiones donde las condiciones de vida propias son de zonas urbanas. Población que viene de áreas rurales o urbanas a trabajar en actividades agrícolas, sólo se presenta en países desarrollados, y no en los países en vías de desarrollo como México, donde la ruralidad se mantiene, lo que provoca un aumento en el gasto de consumo diario. Pero la constante en ambas migraciones parece ser la inequidad salarial respecto al resto de sectores de la actividad económica, en los mercados de trabajo internacionales aquí estudiados.

Los jornaleros migran a otros países con la expectativa de ganar mejores salarios, y logran más, sólo que menos que el promedio nacional. Es sintomático que en los estados fronterizos de Estados Unidos el salario medio esté significativamente por debajo de la media, y a medida que se alejan de la frontera con México el salario aumenta, lo que evidencia el beneficio de los productores y empresarios norteamericanos al contratar mano de obra barata, pues este salario no se explica si no es por la mano de obra mexicana y, seguramente latina en general.

El aumento de las migraciones y la focalización de éstas en los mercados de trabajo agrícolas, confirma que la población migra no sólo por necesidades económicas y mejores salarios, sino porque hay un mercado de trabajo que la absorbe; en otras palabras, por la seguridad de conseguir trabajo en el lugar donde migran. Según la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF), la tendencia de la migración internacional, aunque con comportamiento incierto, es para aumentar la migración proveniente de zonas urbanas, aunque con ciertos retrocesos, después de 2001, hacia la rural (ver cuadro 15).

Una segunda cuestión que también está por desarrollarse, es una tipología de mercados de trabajo. En todos los casos estudiados la conformación de la fuerza de trabajo tiene un perfil: son los más pobres, los que vienen de condiciones más precarias, los que traen el estigma de la pobreza, quienes conforman estos mercados de trabajo en México son los indígenas; en Estados Unidos y Canadá los que llegan de los países en vías de desarrollo, de los países pobres.

Una última conclusión que es necesario desarrollar, es que los bajos salarios en Estados Unidos y Canadá permiten al mediano y pequeño productor, competir en el mercado nacional e internacional.

Respecto a la fuerza de trabajo y el comportamiento de los mercados, podemos concluir que aun cuando se trata de estudios de caso la tendencia es evidente. En Estados Unidos, pese a que reiteran que ellos no contratan menores de edad, aunque en pequeña proporción, se presentan casos, pues la población ocupada de hasta 19 años representó el 12.1 por ciento en Estados Unidos y 0.0 por ciento en Canadá (ver cuadro 16).

No obstante que la jornada de trabajo está asociada al tiempo de cosecha, en general, en los mercados de trabajo el número de horas trabajadas promedio oscila alrededor de las ocho horas. Parecería que en las regiones estudiadas de Estados Unidos y Canadá, en promedio, se trabaja menos horas, pero eso sólo refleja las desviaciones de los promedios. Al sacar el porcentaje de jornaleros que trabajan más de ocho horas, la proporción de los que rebasan la jornada normal es excesiva. Se argumentaría que es de motu propio, pero ello debería estar asociado a un mayor salario.

El salario se excede significativamente entre regiones de países desarrollados. La moda en Estados Unidos es ganar 300 dólares semanales en tanto que en Simcoe es bimodal, entre 300 y 350 dólares canadienses. Traduciendo todo a dólares canadienses, los salarios semanales tienen el siguiente comportamiento (ver cuadro 17): descontando a los que no contestaron en Estados Unidos, el 72.1 por ciento en Watsonville, Salinas y Greenfield, California, Estados Unidos y el 68.2 por ciento en Simcoe, Ontario, Canadá, ganó más de 300 dólares canadienses a la semana[13]. No obstante que los salarios son relativamente altos respecto a los ganados en México en las regiones hortícolas, las diferencias en jornada no compensan las diferencias salariales entre países; en Canadá, pese a que trabajan jornadas más largas, los salarios son menores. A estas diferencias podemos agregar un fenómeno: la población en estos mercados de trabajo es la que enfrenta las condiciones más precarias respecto al resto de la actividad económica. En México la población asalariada es mayoritariamente indígena, en California, Estados Unidos, la mayoría son indocumentados, y en Canadá son mayoría mexicanos y caribeños, es decir, de países pobres.[14]

Pero, esta constante se da en todos los lugares donde se explotan cultivos intensivos en mano de obra; hay una segmentación de etnia y raza en los mercados de trabajo agrícolas estudiados, pero no sólo eso, mientras en México se marca una ruralidad tradicional, es decir, va de zonas rurales a rurales, cuyas condiciones de vida obedecen a un perfil rural asociado a precario, en los países desarrollados, como Estados Unidos y Canadá se conforma una nueva ruralidad, la población ocupada que conforma los mercados de trabajo agrícolas proviene en su mayoría de zonas urbanas[15] y sus condiciones de vida son menos precarias, pero en cualquiera de los casos hay una relación siamésica: el agricultor requiere de esa fuerza de trabajo y el jornalero de ese ingreso, el primero busca al asalariado que acepta un ingreso precario, único que le permite competir en el mercado y aumentar ganancias, el segundo acepta ese salario porque es mayor al que gana en México.

Pero hay un fenómeno reciente, en el caso del PTATM: los productores están buscando trabajadores capacitados para cortar fresas, enterados de que las mujeres de Irapuato cortan fresas muy eficientemente, mandaron contratarlas y traerlas a las regiones freseras de Canadá, donde su velocidad les permite, no ganar más, por las condiciones de contratación, pero sí cortar más.

Hay una modificación en el papel de los jornaleros que van a trabajar a Canadá. Como en todos los casos viajan solos, hombres y mujeres, las mujeres por fortuna no tienen que reproducir su papel de proveedoras y reproductoras de la familia, ellas y ellos tienen que resolver su reproducción, sólo que las mujeres asumen más su condición histórica, ellas no toman una parte de su salario para divertirse o gastarlo en su persona, ahorran todo lo posible por llevar más dinero a su casa.

El 100 por ciento de los migrantes a Canadá mandan dinero a su casa, en tanto que de los que están en Estados Unidos el 24 por ciento de los hombres y 49.5 por ciento de las mujeres no mandan remesas a su familia, parecería que la certidumbre de la permanencia en el mercado de trabajo, y la condición familiar, asegura que los migrantes envíen dinero. 

Las recomendaciones para estos trabajadores están encaminadas a mejorar sus condiciones a mediano y largo plazo, ir a las comunidades de expulsión y enterarlos de sus derechos, diferenciando cuando van a Estados Unidos y cuando van a Canadá; no basta escribirles sus derechos y entregárselos impresos para que los lean, pues no lo hacen, pero si se les proyectara un video, entonces quedarían gravados sus derechos en el país de destino. Lo anterior es para hombres y mujeres, pues en las relaciones de trabajo formalmente no hay inequidades de género, éstas se producen de su papel en la familia asociado a su lugar en el mercado de trabajo.

     

Fecha de publicación en red: 24/Octubre/2005
Revista Mexicana de Estudios Canadienses.
Junio 2005, Vol.1 número 9.


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